Cuando el problema no es la activación: corrosión y degradación funcional en sistemas de preacción

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Los sistemas de preacción han sido, durante años, una solución técnicamente coherente para proteger entornos industriales especialmente sensibles al agua. Industria alimentaria, farmacéutica o tecnológica comparten una misma necesidad: evitar que una descarga accidental comprometa producto, maquinaria o continuidad operativa.

Sin embargo, la experiencia acumulada en explotación está poniendo de manifiesto una realidad cada vez más relevante en ingeniería PCI: un sistema puede cumplir perfectamente su función en fase de diseño… y degradarse funcionalmente con el paso del tiempo.

Porque en determinados sistemas industriales, el problema no es únicamente la corrosión física de la red.

El problema aparece cuando esa degradación empieza a modificar indirectamente la propia lógica funcional del sistema.

Este fenómeno resulta especialmente visible en determinados sistemas de preacción de doble enclavamiento con redes secas supervisadas neumáticamente mediante aire comprimido.

La lógica del doble enclavamiento

En este tipo de configuraciones, la apertura de la válvula de preacción requiere simultáneamente dos condiciones:

  • una señal válida de detección,
  • y una caída de presión compatible con la apertura de un rociador.

La filosofía de diseño es robusta: evitar descargas accidentales derivadas de falsas alarmas o incidencias aisladas.

Durante años, este planteamiento ha sido ampliamente aceptado y técnicamente aplicado en instalaciones sensibles al agua.

Cuando la degradación altera la lógica funcional

El problema aparece cuando la evolución real del sistema introduce fenómenos no previstos inicialmente.

En una instalación industrial alimentaria analizada recientemente comenzaron a detectarse:

  • microfugas neumáticas recurrentes,
  • pérdidas de estanqueidad,
  • corrosión interna localizada,
  • y actuaciones no deseadas del sistema.

Todo apunta a un fenómeno conocido en sistemas secos y de preacción: la corrosión interna favorecida por la presencia continuada de oxígeno, humedad residual, condensaciones y ciclos de humectación parcial.

Especialmente en:

  • puntos bajos,
  • derivaciones,
  • brazos muertos,
  • o zonas con acumulación de condensados.

La cuestión técnicamente más relevante no era únicamente el deterioro físico de la tubería.

La corrosión terminó afectando indirectamente a la propia robustez funcional del sistema.

Las pequeñas pérdidas neumáticas generadas por microperforaciones podían coincidir con falsas alarmas derivadas del entorno industrial —vapor, aerosoles, condensaciones o procesos de limpieza— aportando involuntariamente las dos condiciones necesarias para la activación del sistema.

De forma involuntaria, el sistema terminaba recibiendo simultáneamente las dos condiciones necesarias para su activación.

Desde el punto de vista lógico, el sistema “interpretaba” un incendio real.

La evolución del estado del arte

La problemática de corrosión interna en sistemas secos y de preacción ha adquirido creciente relevancia en los últimos años dentro del sector PCI.

La experiencia acumulada por fabricantes, ingenierías, aseguradoras y organismos técnicos internacionales ha impulsado progresivamente nuevas estrategias.

Entre las distintas estrategias que han ido ganando presencia en los últimos años destaca la presurización mediante nitrógeno, orientada a reducir la presencia de oxígeno en el interior de la red y minimizar fenómenos de oxidación interna.

No como una corrección de diseños anteriores, sino como parte de la evolución natural del conocimiento técnico y de la comprensión del comportamiento real de estos sistemas durante su vida útil.

Más allá del cumplimiento normativo

Este tipo de experiencias refuerzan una idea cada vez más presente en la ingeniería PCI contemporánea:

El cumplimiento normativo inicial no garantiza, por sí solo, la fiabilidad funcional del sistema durante todo su ciclo de vida.

La ingeniería PCI industrial actual ya no puede analizar únicamente el comportamiento teórico de un sistema el día de su puesta en marcha.

Especialmente en entornos industriales complejos, factores como:

  • envejecimiento,
  • mantenibilidad,
  • degradación progresiva,
  • condiciones ambientales reales,
  • e interacción entre subsistemas,

adquieren una influencia decisiva sobre el comportamiento global de la instalación.

Porque en protección contra incendios industrial, diseñar correctamente no consiste solo en conseguir que un sistema funcione el día uno.

Consiste en entender cómo seguirá comportándose diez años después.

Incluso cuando las condiciones reales de explotación ya no se parecen exactamente a las previstas sobre el plano.

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