Soluciones técnicas alternativas en protección contra incendios: cuándo tienen sentido y qué exige la normativa

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En protección contra incendios, la normativa establece un marco claro para resolver la mayoría de los proyectos. Superficies máximas de los sectores de incendio, recorridos de evacuación, resistencia al fuego de las estructuras, sistemas de detección o extinción. Para cada una de estas cuestiones existen requisitos y soluciones que permiten diseñar una instalación siguiendo un camino previamente establecido. Es lo que conocemos como cumplimiento prescriptivo.

Pero la realidad no siempre encaja en soluciones estándar. Y esto resulta especialmente evidente en determinados entornos industriales. Naves de grandes dimensiones, almacenes automatizados, edificios existentes con importantes condicionantes constructivos, procesos productivos singulares o nuevas tecnologías pueden generar situaciones en las que aplicar literalmente una determinada solución resulte especialmente complejo o no sea necesariamente la mejor manera de abordar el riesgo.

Es en estos escenarios donde pueden entrar en juego las soluciones técnicas alternativas. Y entender qué significan realmente es importante, porque una solución alternativa no permite cumplir menos. Permite cumplir de otra manera.

En este artículo nos centramos especialmente en cómo se plantea este enfoque en los establecimientos industriales, nuestro principal ámbito de especialización y donde el nuevo RSCIEI establece un marco específico para este tipo de soluciones.

Lo que se flexibiliza es la solución, no el nivel de seguridad

Este es probablemente el concepto más importante. El Reglamento de seguridad contra incendios en los establecimientos industriales (RSCIEI), aprobado por el Real Decreto 164/2025, contempla que, en determinadas situaciones, puedan utilizarse técnicas de seguridad equivalente o diseños prestacionales que se aparten total o parcialmente de determinadas soluciones prescriptivas. Pero establece una condición fundamental:
el resultado debe proporcionar, como mínimo, un nivel de seguridad equivalente al que se obtendría aplicando las soluciones previstas reglamentariamente.
Por tanto, una solución alternativa no es una excepción que permita rebajar las condiciones de seguridad. Tampoco es un recurso para evitar una determinada exigencia porque resulte difícil de ejecutar, condicione el proceso productivo o implique una inversión elevada. La normativa permite plantear otro camino, pero obliga a demostrar técnicamente que conduce, como mínimo, al mismo nivel de seguridad. En otras palabras:
lo que se flexibiliza es la solución, no el nivel de seguridad que debe alcanzarse.

La pregunta no debería ser “¿qué requisito queremos evitar?”

Este cambio de perspectiva es fundamental. Cuando una determinada exigencia reglamentaria genera dificultades, resulta tentador empezar buscando qué medida podría utilizarse para compensarla. Sin embargo, el razonamiento debería comenzar un poco antes. ¿Qué función de seguridad cumple ese requisito? La normativa de protección contra incendios persigue diferentes objetivos: limitar la propagación del incendio, permitir una evacuación segura, garantizar un comportamiento adecuado de la estructura, disponer de medios eficaces de detección y extinción o facilitar la intervención de los servicios de emergencia. Cuando modificamos una solución prescriptiva, debemos entender cuáles de esos objetivos pueden verse afectados. Pensemos, por ejemplo, en una nave industrial existente cuya configuración productiva haga especialmente complejo introducir una nueva sectorización. La pregunta no debería ser simplemente: ¿Qué podemos instalar para evitar realizar esa sectorización? La cuestión relevante es otra: ¿Qué objetivo de seguridad persigue esa sectorización y podemos demostrar que otra estrategia proporciona un nivel equivalente? Responder puede exigir analizar la posible propagación del incendio, el comportamiento estructural, los sistemas de detección y extinción disponibles, las condiciones de evacuación, la intervención de los bomberos o las características concretas del proceso y de los materiales presentes. Porque una solución alternativa no consiste en compensar requisitos de manera aislada. Consiste en comprobar que la estrategia global de seguridad continúa funcionando.

¿Cuándo tiene sentido estudiar una solución alternativa?

No todos los proyectos necesitan recurrir a este enfoque. Las soluciones prescriptivas ofrecen un camino conocido, contrastado y relativamente directo para resolver la mayoría de los casos. Pero existen situaciones en las que estudiar una alternativa puede tener sentido. Puede ocurrir en grandes instalaciones industriales o logísticas donde determinadas configuraciones constructivas resultan difíciles de encajar en las soluciones generales previstas por la normativa. También en edificios existentes, donde intervenir sobre la estructura o la sectorización puede presentar importantes condicionantes técnicos. O ante procesos industriales, sistemas de almacenamiento o tecnologías de protección cuya singularidad no encaja exactamente en los supuestos sobre los que se han construido las soluciones reglamentarias. Incluso puede existir una solución técnicamente desarrollada y respaldada por ensayos, normas o estándares reconocidos que permita abordar el riesgo de una manera diferente. Ahora bien, conviene separar dos cuestiones. Las dificultades constructivas, económicas u operativas pueden explicar por qué merece la pena estudiar una alternativa. Pero no demuestran que esa alternativa sea segura. Su validez dependerá de que pueda justificarse técnicamente que proporciona el nivel de seguridad exigido.

Demostrar la equivalencia es la parte esencial

El cumplimiento prescriptivo tiene una gran ventaja: cuando aplicamos correctamente las soluciones establecidas por la normativa, no necesitamos demostrar desde cero por qué cada una de ellas proporciona un determinado nivel de seguridad. Cuando nos apartamos de ese camino, la situación cambia. Hay que identificar claramente qué condición reglamentaria no se está aplicando, entender qué objetivos de seguridad están relacionados con ella y demostrar que la solución propuesta sigue respondiendo adecuadamente a esos objetivos. Esto obliga a construir un razonamiento técnico coherente. Primero, entender el problema. Después, identificar qué escenarios de incendio debemos considerar y qué condiciones de seguridad necesitamos mantener. A continuación, analizar cómo responde la solución propuesta. Y finalmente, comprobar si el resultado proporciona un nivel de seguridad equivalente. No basta, por tanto, con incorporar medidas adicionales y afirmar que con ellas “mejora la seguridad”. Hay que demostrar que esas medidas responden realmente al efecto que tenía la solución prescriptiva que estamos sustituyendo.

Una simulación no convierte automáticamente una solución en prestacional

Las herramientas disponibles para analizar el comportamiento de un incendio han evolucionado enormemente. Hoy podemos simular el movimiento del humo, las temperaturas, la visibilidad, la radiación térmica, la evacuación de personas o determinados comportamientos estructurales. Son herramientas extraordinariamente valiosas. Pero una simulación, por sofisticada que sea, no constituye por sí misma una justificación prestacional. Antes de calcular hay que decidir qué queremos demostrar, qué escenarios son representativos, qué hipótesis estamos utilizando y qué resultados consideraremos aceptables. Cambiar esas hipótesis puede cambiar significativamente las conclusiones. Por eso, el verdadero valor de un estudio prestacional no reside únicamente en el software utilizado, sino en el criterio técnico que existe detrás. En algunos proyectos serán necesarias simulaciones avanzadas. En otros podrán utilizarse cálculos, ensayos, análisis comparativos, experiencia documentada o normas técnicas de reconocido prestigio. La herramienta debe responder al problema, no el problema a la herramienta.

¿Y si utilizamos NFPA, FM u otros estándares internacionales?

En determinados riesgos, y especialmente en el ámbito industrial, las normas y estándares internacionales aportan un conocimiento técnico extraordinariamente desarrollado. Documentos NFPA, criterios FM u otras referencias reconocidas pueden ofrecer soluciones para determinados almacenamientos, procesos o tecnologías de protección que no aparecen desarrolladas de la misma manera en la reglamentación española. Pero hay un matiz importante.
Utilizar una norma internacional no convierte automáticamente una solución en conforme con el RSCIEI.
Puede proporcionar una base técnica muy valiosa para construir y justificar una solución, pero sigue siendo necesario analizar cómo responde esa solución a las exigencias establecidas por nuestra reglamentación. Tampoco deberían utilizarse diferentes normas como un catálogo del que seleccionar únicamente los requisitos más favorables. Cada estándar responde a una determinada estrategia de seguridad y sus soluciones suelen estar relacionadas con otras condiciones de diseño, instalación, mantenimiento o explotación. La coherencia del conjunto importa tanto como cada medida individual.

La equivalencia debe poder ser evaluada

Precisamente porque nos estamos apartando de un camino previamente establecido, el nuevo RSCIEI refuerza la necesidad de justificar y evaluar estas soluciones. El proyectista debe documentar técnicamente la propuesta y el titular debe prestar su conformidad. Además, el procedimiento contempla la intervención de un organismo de control habilitado que evalúe la eficacia y adecuación de las soluciones planteadas. Y el proceso no termina con el proyecto. Una vez ejecutada la instalación, debe comprobarse que aquello que realmente se ha construido corresponde con las condiciones sobre las que se había justificado la equivalencia. Esto permite entender una solución alternativa no como una decisión puntual, sino como un proceso:
identificar el problema, diseñar una estrategia, demostrar su equivalencia, evaluarla, ejecutarla correctamente y verificar el resultado.

Una solución alternativa tampoco termina cuando acaba la obra

Existe todavía otra cuestión especialmente relevante en entornos industriales. Las justificaciones prestacionales se construyen sobre unas determinadas condiciones. Una ocupación concreta. Un determinado tipo o altura de almacenamiento. Unos materiales. Una configuración productiva. La disponibilidad y prestaciones de determinados sistemas de protección. Todas estas variables pueden formar parte de las hipótesis que permiten concluir que una solución proporciona un nivel de seguridad adecuado. Pero las industrias evolucionan. Cambian procesos, líneas productivas, almacenamientos, distribuciones o condiciones de explotación. Y si cambia una condición que era esencial para justificar la solución, debemos preguntarnos si la equivalencia que demostramos originalmente continúa siendo válida. Por eso, las condiciones específicas vinculadas a este tipo de diseños también deben mantenerse y comprobarse durante la vida útil del establecimiento. La solución alternativa no solo tiene que funcionar sobre el proyecto. Tiene que seguir siendo válida en la realidad.

Más flexibilidad también significa más responsabilidad

Las soluciones técnicas alternativas ofrecen una herramienta especialmente valiosa ante realidades cada vez más complejas. Permiten abordar situaciones singulares, incorporar conocimiento técnico avanzado y buscar estrategias adaptadas a riesgos que no siempre encajan perfectamente en soluciones generales. Pero no son un atajo frente a la normativa. El cumplimiento prescriptivo ofrece un camino previamente establecido. El enfoque alternativo permite explorar otros caminos, pero exige comprender mejor el riesgo, justificar las decisiones con mayor profundidad y mantener bajo control las condiciones que hacen válida la solución. En protección contra incendios no siempre existe una única forma de resolver un problema. Pero cualquier solución diferente debería partir de la misma pregunta:
¿Podemos demostrar que seguimos protegiendo con el mismo nivel de seguridad?
Cuando la respuesta se construye sobre conocimiento, análisis y una justificación técnica sólida, la flexibilidad deja de ser una excepción. Y se convierte en ingeniería.

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