La importancia de conocer la norma UNE 23585 de control de humos

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Los incendios en las películas de Hollywood son todo espectacularidad. Coches explotando, diluvios de agua y víctimas abrasadas por las llamas. La realidad es en cambio más prosaica, aunque no menos peligrosa. De hecho, el principal riesgo para las víctimas en un incendio es algo mucho menos mediático, la inhalación del humo emitido.

Este aspecto tan importante pero poco conocido, puede ayudar a entender un problema que nos encontramos habitualmente cuando realizamos el diseño de los sistemas de control de temperatura y extracción de humos (SCTEH), según la norma UNE 23585.

Para ponernos en antecedentes, la normativa española en materia de seguridad contra incendios modela la exigencia de los sistemas PCI a instalar en función de unos parámetros básicos, como son el riesgo intrínseco del sector, tipo de establecimiento, nivel de ocupación y sus metros cuadrados principalmente. De tal forma que a medida que el sector cuenta con parámetros más reducidos, menos sistemas requiere. Trabaja bajo el supuesto pragmático de que las consecuencias de un incendio son menores en un espacio pequeño, ayudando además a reducir las inversiones a realizar.

En este sentido, un caso típico a la hora de diseñar un sistema de humos en entornos industriales, es encontrarse con una sectorización realizada justo por debajo de los límites que exigen sistemas con un alto volumen de inversión, especialmente los rociadores automáticos. Sin embargo, esta estrategia de ahorro inicial lleva fácilmente a noticias negativas en cuanto a los sistemas SCTEH, cuando es de aplicación la UNE 23585.

De forma simplificada, esta norma parte de un incendio tipo con una carga calorífica determinada con la que se trabaja para conocer tanto el volumen de humos a extraer como la temperatura de esos humos. La temperatura es precisamente el problema. No puede traspasar el límite de los 550ºC, al existir riesgo de colapso estructural del establecimiento. Lógicamente no se permite sobrepasar este límite. En nuestro caso, cuando no existen rociadores automáticos, la norma nos conduce a un incendio tipo de grandes dimensiones y carga calorífica que supera fácilmente el límite de los 550º. En consecuencia, el diseño de humos no se puede llevar a cabo. Se considera inviable.

Las opciones para solucionarlo no son muchas y, por experiencia, delicadas de explicar a la propiedad. O bien se acaban instalando rociadores o bien se reduce la superficie de los sectores para que no sea de aplicación la norma 23585 (límites marcados por el RSCIEI). En la primera opción se vuelve a incrementar la inversión y en la segunda, es muy fácil que la operativa se vea perjudicada al tener que romper espacios diáfanos. En cualquier caso, la propiedad recibe malas noticias en los dos casos.

Una opción que soluciona este dilema en bastantes ocasiones es el uso de cortinas cortafuegos. Sería una solución intermedia. Por un lado, ayudan a sectorizar por debajo de los límites del RSCIEI, dejando sin aplicación la norma UNE 23585. Y por otro, mantienen los espacios abiertos en todo momento hasta que haya un incendio, facilitando el trasiego diario de personas y máquinas.

En definitiva, las consecuencias del humo en los incendios pueden llegar a ser muy graves, y la normativa actual no hace más que poner medidas para evitar estos riesgos. Es evidente que no es una normativa de menor rango y su conocimiento es importante. Además, como he intentado explicar, evitaremos situaciones embarazosas en las que debemos rehacer el planteamiento inicial.

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