Estos días ha salido a la luz pública un extenso informe de deficiencias detectadas en una de las joyas de la corona de la que iba a ser la Madrid Olímpica: la Caja Mágica, recinto pensado para albergar eventos multitudinarios de todo tipo.
Me ha llamado poderosamente la atención la cantidad de detectores que se han encontrado desconectados, debido a que provocaban alarmas y averías diversas.
Lo curioso del asunto ya no es el que detectores estén cortados, sino que un recinto público que seguramente haya sido diseñado por prestigiosos arquitectos e ingenieros, esté protegido con detectores, cuando todos sabemos que para alturas mayores de 12 metros no pueden instalarse estos dispositivos.
El informe se completa con innumerables problemas en los elementos de sectorización, pésimos mantenimientos, y otras joyas. En definitiva, otro ejemplo más del chapuceo nacional en instalaciones de protección contra incendios. Y no estamos ante un edificio de hace 30 años precisamente…





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