Las instalaciones de rociadores son los sistemas automáticos de extinción más difundidos y en ocasiones con un buen número de años a sus espaldas. En la mayoría de los casos, son instalaciones del tipo «mojado» o «húmedas», por lo tanto sometidas a la corrosión del agua, depósitos por suciedad, dureza del agua, etc. En este sentido la norma UNE EN 12845, en su anexo K, establece las inspecciones y pruebas a realizar a los 25 años de su puesta en funcionamiento, y que se dirigen principalmente al estado de calidad de la tubería y prestaciones de los rociadores.
En el caso de los tubos se deberá realizar una limpieza a fondo y una prueba hidrostática, se deberá examinar interna y externamente, incluyendo un metro de ramal por cada 100 rociadores, y por cada sección utilizada, al menos dos muestras de un metro de longitud. En ocasiones nos podemos encontrar con tuberías que han perdido pared por la corrosión interna, y por otro lado con un aumento de la rugosidad por depósitos internos, que en ocasiones pueden provocar perdida de eficiencia en el flujo de agua, y por otro hasta taponamiento por suciedad en los manguitos de derivación a los rociadores. Es por esta razón, que en el mantenimiento preventivo anual se realicen barridos de la tubería y purga de aire del interior de los tubos.
En el caso de los rociadores, se deben realizar un muestreo dependiendo del numero de rociadores instalados, en el cual se deberá comprobar factores tan importantes como la respuesta del fusible o la alteración del orificio de descarga. Para realizar este tipo de inspecciones debemos acudir a laboratorios especializados.




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