Hasta el siglo XIV, las hogueras ardían en el interior de las casas, tanto para dar calor como para cocinar. Los agujeros en el techo servían para evacuar el humo provocado. Por esos orificios entraban también la lluvia y las corrientes de aire. Fue por esa época cuando alguien, al fin, inventó una estructura en forma de claraboya con persianas de tablillas que permitía la evacuación del humo, dejaba pasar la luz e impedía, a su vez, la entrada de lluvia, pájaros y viento.
Fue un invento maravilloso muy preciado en este siglo, el antepasado del sistema de evacuación de humos que hoy en día son los exutorios. La innovación con el paso de los años ha evolucionado en perfeccionar estos sistemas, aunque algunos fabricantes esten estancados en el pasado planteando las persianas o las lamas como dispositivos para el control de temperatura y la evacuación de humos.




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